jueves, 2 de mayo de 2013

¿AYER U HOY?


Sumergida en  el voluminoso paquete informativo cotidiano, que hace referencia sobre todo a guerras abiertas o por comenzar y a dramas humanos provocados por la crisis, pudo pasar inadvertido un anuncio hecho por el Departamento del Tesoro norteamericano. Esa entidad dijo que pagará 35 mil millones de dólares de su astronómica deuda. Han tardado siete años en desembolsar algo que amortice la  obligación que tienen con sus acreedores, pues desde el 2007,  no habían saldado nada.  
 En paralelo, Washington admitió que a partir del 1 de julio tendrá que pedir un préstamo superior a los 200 mil millones de dólares. Pagar una  pequeñísima parte de lo que debe para pedir prestado por un monto superior, tiene cara de  contabilidad elemental, pero no sugiere mejora económica. 
Sean optimistas o sombrías las interpretaciones, lo que tiene un significado  único, es el monto de la deuda pública estadounidense que sigue creciendo y ya sobrepasa los 16 billones de dólares y si tienen razón algunos economistas, sería superior. Afirman que asciende a 222 billones de dólares.
Los principales prestamistas con que cuenta Washington son China y Japón, países que pueden frenar esos flujos, poniendo en apuros al que se considera el país más rico del planeta, pero que sin los beneficios del dólar y estas imponentes inyecciones de capital, perdería  el título, aun cuando mantenga su carácter de gran potencia, debido a su poderío militar, sector, dígase de paso, que pudiera también sufrir menoscabo si, como temen diferentes peritos, la deuda total se junta con un desabastecimiento de dinero externo. 
Quizás si llegara situación tan crítica, los multimillonarios norteamericanos determinen salvar la situación y sus propias fuentes de riqueza, tributando de acuerdo con sus caudales. Un estudio del Pew Research’s Social & Demographic Trends, revela que  la política económica postcrisis benefició a los ciudadanos más ricos, mientras empobrecía a la mayor parte del país. 
Ese resultado no es secreto ni nuevo, pero sí tan  lamentable como el cultivo del consumismo desenfrenado y los gastos militares destinados a la rapiña de otros pueblos. Si tienen razón los economistas, estas distorsiones concluirán pasando la cuenta y muy mal.

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