martes, 9 de octubre de 2007

UNA SEMILLA

(del libro Semillas del Atardecer)

TIEMPO SIN ALAS



Huele a almendras, a hojas que nacen,
a troncos acariciados por la llovizna.
Huele a saetas y violines pero, a pesar de eso,
no estoy tentada de disculpar el frío raciocinio
de estos días, cuando la crisis financiera
y horribles guerras,
dan otra hambre a quienes les sobra.
Las niñas dejan de serlo aprisa, sobando envejecidos falos,
con hermanitos que ignoran otra puerta
y tragan polvo de cristal en las factorías, venenos químicos, carbón de las minas, o los sodomizan, los venden,
tal cual venden bosques enteros o el ímpetu de los ríos.
Parece que ya no hay alas golpeando detrás de los ojos,
y significa poco portar sinfonías completas dentro.
Hay menos llevando inquietantes, deliciosos misterios,
señales amigas, ganas de tararear.
Mi triste, insignificante silueta de mujer no descifrada,
siente pena de oler almendros y humedad de fronda,
cuando la luz, las saetas y los violines,
en casi todas partes, callan.

1 comentario:

Eduardo Waghorn dijo...

Hola!
Quisiera felicitarte por tan profundos y sentidos poemas, escribes maravilloso.
Soy Eduardo de Chile, una amiga tuya me hizo llegar tu blog por correo.
Por favor visita mis espacios y opina, libremente.
Estemos en contacto.

Un abrazo!!